Melissa observaba el mar, sus ojos dos espejos azul eléctrico que reflejaban el otro azul, completamente distinto, de las olas que se extendían hacia el infinito. Allí, entre las ruinas de lo que en un momento había sido una casa señorial, los recuerdos acosaban a Melissa, fantasmas de su pasado que habría creido enterrados hacía mucho tiempo. Pero allí había empezado todo, en aquella mansión señorial, hacia ya tres años, cuando la joven por aquel entonces aristócrata había observado, aterrada, como las tropas del rey invadían la casa, degollaban a su padre y violaban y mataban a su madre. Recordaba haber preguntado entre sollozos por qué le hacían esto a ellos, una de las familias más antiguas del reino, una de las pocas que siempre se habían mostrado fieles y habían permanecido al lado del rey y al capitán -un hombre tuerto y cruel, por cuyo único ojo rezumaba más maldad que la que la joven había visto en su vida, respondiendo lentamente, mientras se acercaba a ella con la espada desenvainada: "Alguien me ha dicho que tu hermana ha estado jugando con cosas prohibidas" La comprensión la había golpeado como una ola, haciendola trastabillar. Su hermana Clarissa había abandonado los terrenos de la familia medio año atrás, respondiendo la llamada de las brujas del mar. Se había dejado caer al mar embravecido desde la torre del homenaje, y la familia la había dado por muerta, ya que todo el mundo sabía que las brujas del mar solo aceptaban a unas pocas de las que llamaban.
Melissa esbozó una sonrisa amarga. Qué poco sabía ella entonces, ignorante de los acontecimientos que habían llevado al castigo ejemplar de su familia. Había supuesto que habría cometido algún crimen -las brujas no eran conocidas por ser ciudadanas ejemplares- y que el rey había conseguido rastrear su identidad hasta su familia. Se había quedado corta en su razonamiento, pero eso ella no lo sabía. Las brujas del mar habían aceptado a Clarissa, oh sí. La joven y talentosa aristócrata se había hecho su hueco en el aquelarre en un tiempo record y, ya como una bruja del mar, había empezado a atender a las fiestas de la alta sociedad que se organizaban en la capital disfrazada en la piel de una cortesana o una dama. Allí había conocido al príncipe, del que se enamoró inmediatamente. El príncipe también reparó en la joven dama desconocida de ojos azules eléctrico -ojos de bruja- pómulos marcados y piel pálida. No pasó un mes antes de que empezaran a verse en secreto, y su relación los convirtió en amantes. Pero solo pasaron unos meses antes de que el príncipe, hombre mujeriego y atractivo, se posara en una nueva flor. Cuando Clarissa los encontró uno en brazos del otro en el lecho principesco su cuento de hadas acabó, y con el romance de la bruja acabó el príncipe. El rey encontró dos estatuas de sal, abrazadas en ardiente frenesí, en vez de la cortesana y su hijo.
Pero por aquel entonces Melissa no había sabido nada de eso. El capitán la había acorralado en la biblioteca, con sus grandes ventanales que daban al acantilado y al mar, muchos metros más abajo. Con las lágrimas derramándose de sus ojos -todavía marrones-, había dado la espalda al capitán y, sin pensarlo dos veces, había arremetido contra el cristal, fragmentándolo en una lluvia de gotas cortantes que la acompañó en la caída, junto con el recuerdo de los chillidos de su madre y los ojos desorbitados y sin vida de su padre. Aún en el presente, cuando lo recordaba, no conseguí explicarse como había reunido el valor necesario como para lanzarse a los brazos de las brujas del mar, sin haber oído nunca sus cánticos. Era algo nunca visto, y mientras caía Melissa estaba convencia de que moriría. Pero no fue así. Su hermana intercedió por ella y se aceptó a la segunda hija de la familia, así como se había aceptado a la primogénita.
Las figuras que iban saliendo lentamente del mar se reflejaban en las pupilas de la bruja. Tres años le había llevado reunir la influencia necesaria como para movilizar a las brujas del mar en contra del rey -y no es que Clarissa, deshechos ya todos los lazos que la habían atado a su familia, la hubiera ayudado en gran medida. Pero lo había hecho. Y ahora había llegado la hora de la venganza.


Me ha gustado, es una historia muy azul *-*
ResponderEliminarYo también me lanzaría a los brazos de las brujas del mar, hay que asumir riesgos :)
ResponderEliminarMe han gustado mucho las dos entradas, espero tus próximas publicaciones!
Besos^^
PD: te enlazo en Sweet&Sour ;)
muchas gracias ^^ después colgare otro, que escribí ayer, aunque aun lo tengo que acabar...
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